martes, marzo 10, 2026

Metrópolis

 

Hace 99 años, un director de cine alemán se dio el trabajo de informarnos lo que estaba pasando, en el mundo de esa época. Un periodo en donde las máquinas lo estaban abarcando todo y ellas necesitaban de los hombres para funcionar. Al no tener freno la sociedad, todo debía andar sin detenerse, sin importar cuantos hombres consumieran las máquinas.

Todo aquello que se estaba produciendo, era originario de las mentes de hombres brillantes y también de las mentes de otros hombres, que seguían los paso de los resplandecientes. De esta forma, se había erigido una sociedad más baja que la de su propio esfuerzo y otra que superaba, con creces, su propia inteligencia.

Algo, entonces, debía estar fallando. Las circunstancias de explotación humana, para mantener en funcionamiento la Metrópolis, no estaban acordes a la brillantez del desarrollo alcanzado en “El Club de los hijos” y “Los jardines eternos”.  Algo estaba incrustado en la razón de los hombres que los hacia mantener una desalineación, que ya no radicaba en el intelecto o el esfuerzo. A mayor inteligencia más deshumanización y mayor esfuerzo más incapacidad.

Esto se acentúa con la incorporación de dos tiempos: Diez horas para los trabajadores, doce horas para los que disfrutan de la vida en Metrópolis. Al tener menos tiempo, la clase obrera siempre debe trabajar rápido, sin descanso y está extenuada, tanto al inicio como al final de sus turnos. Mientras que con un reloj de 12 horas ya hay más holgura, soltura y disfrute.

Así y con muchos elementos más, que no estarán presentes en este escrito, se reconoce que se hace el intento de mostrar, cinematográficamente, los mundos desiguales que deben existir para que se pueda forjar una metrópolis. En todas las épocas del ser humano moderno, se deshumaniza y embrutece la sociedad, contribuyendo a vivir en una eterna desalineación de la mente y las manos. Haciendo necesario que llegue un mediador para salvar la situación e impacte la co-razon humana.

HSQO

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